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25 de febrero de 2012
Lortu dugu
—¿Quiénes son los de la foto?
—Los colegas de la Coordinadora vasca Gestos por la Paz. El pasado 11 de febrero salieron a las calles de Bilbao a celebrar el fin de la violencia de ETA. Fue su última manifestación.
—Ah, entonces son de derecha.
—No.
—Entonces de izquierda.
—Tampoco.
—Entonces qué son.
—Es un movimiento ciudadano que nació en 1986, cuando los bárbaros de boina seguían matando sin motivo. Ya no había dictadura, pero los bárbaros dale que te pego. Entonces alguien tuvo la idea de liderar marchas silenciosas al día siguiente de cada muerte. Lo hacían en varios puntos del País Vasco. Muchas veces eran sólo dos o tres. Sacaban sus pancartas, se ponían en mitad de una plaza y se quedaban allí, sin importar el frío, el calor o los improperios que les gritaban los simpatizantes de los bárbaros. Con el tiempo llegaron a ser decenas, cientos, miles.
—Pero no habrán salido de la nada. Alguna ideología tendrán.
—Son ciudadanos que rechazan la violencia.
—No me lo creo.
—Tomar partido por la paz también es una opción. Es más, debería ser la única opción. Métase en la cabeza, de una vez por todas, que aquel viejo mundo de «izquierda» o «derecha», de «amigos» o «enemigos», de «los que están conmigo» o «los que están contra mí», ya no existe. La herida duele igual si se abre con la mano izquierda o con la derecha.
—¿Y por qué fue su última manifestación?
—Porque los bárbaros de boina, aislados como están, parece que al fin han entendido el mensaje y anunciaron que dejarán de matar. Sólo unos pocos cabezotas les creen. Y si desaparece la violencia armada, Gestos por la Paz no tiene sentido. Suena paradójico, pero es así. De ahí el lema de sus pancartas: «Lortu dugu» («Lo hemos conseguido»).
5 de noviembre de 2011
Diálogo entre dos (ex) colegas
Transcribo el diálogo que sostuvieron ETA y las FARC, en algún lugar de los Pirineos, luego de que el grupo terrorista vasco anunciara el fin de su lucha armada.
ETA_ Qué gusto verla de nuevo, colega.
FARC_ Lo mismo digo, compañera. Han pasado casi dos años desde la última vez. ¿Se acuerda?
ETA_ Claro, en Caracas. Menudo anfitrión resultó el comandante Hugo.
FARC_ Lástima que a los jueces españoles les diera por sapearnos. Sobre todo, a ese tal Baltasar. Qué rabia me dio levantar los campamentos.
ETA_ No se preocupe, que ahora el Tribunal Supremo lo está investigando por unas escuchas ilegales. Le aseguro que de ésa no sale limpio. Y dígame, ¿a qué ha venido?
FARC_ Pues fíjese, estaba bien tranquila en el lado venezolano de la frontera, trabajando en mis laboratorios, cuando me dieron la noticia. No podía creerlo. ¿Es verdad que deja las armas?
ETA_ Bueno, verá... De momento, sí.
FARC_ Piénselo bien, compañera. Más de cuarenta años de lucha revolucionaria no se dejan así como así. Fíjese en Fidel, qué firmeza. ¿No será más bien que le ofrecieron plata?
ETA_ No, no, de eso nada... Lo que pasa es que he estado pensando y creo que esto de las armas ya no vale la pena. Los tiempos han cambiado. Y encima, me he quedado sola. Hasta Batasuna me ha dado la espalda.
FARC_ ¿Y los compañeros de la izquierda abertzale?
ETA_ También. De hecho, los de Bildu han encontrado curro en el Parlamento.
FARC_ Pero todavía me tiene a mí y al comandante Hugo.
ETA_ No es eso, colega. Es que además me siento vieja, cansada y fea. Tanto, que ni he podido quitarme la capucha para mirar a la gente a la cara. Usted debería hacer lo mismo.
FARC_ Yo no uso capucha. ¿Pero dejar las armas? Eso nunca, compañera. Prefiero seguir reclutando niños y mujeres en el campo. O masacrando pueblos enteros. Además, acuérdese que para mí no es tan sencillo. Si dejo las armas, se me acaba el negocio de los laboratorios. Y si se me acaba el negocio, es como si me quitaran el nombre. Tendría que volver a mis inicios, cuando no era más que una campesina bandolera que cortaba cabezas.
ETA_ Por lo menos, piénselo. Lo de don Alfonso puede que sea una señal.
FARC_ Hace mucho dejé de pensar. Ahora sólo mato, mato, mato. Y eso es lo que seguiré haciendo, por lo menos, otros sesenta años. Así que no insista, compañera. Y con permiso, me despido. Tengo que volver a la selva. La guerra me espera.
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