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3 de octubre de 2016

Vietnam



—¿Y esas maletas? No me diga que se va de viaje, doctor Ambidiextro.
   —Mañana mismo, a primera hora.
   —¡Ah, carajo! ¿Y para dónde?
   —Voy a pasar una temporada larga en Vietnam.

24 de mayo de 2014

Campaña presidencial



—La publicación de este post supondrá un antes y un después en la historia de El Ambidiextro.
   —¿Nos va a revelar, por fin, a quién le plagia los artículos?
   —No. Ese secreto me lo llevo a la tumba.
   —¿Entonces?
   —¡Me voy a lanzar a la presidencia de Colombia!
   —¿Usted? ¿Un apátrida rabioso?
   —Sí, imagínese: un apátrida rabioso aspirando al sagrado solio donde el general Simón Bolívar, que en mala hora nos separó de España, puso alguna vez las nalgas.
   —¡Ah, carajo! ¿Y cuál es su partido político?
   —El recientemente fundado MSRN: Movimiento del Sin Remedio Nacional.
   —¿Y sus propuestas?
   —Una sola: conceder visas al extranjero a diestra y siniestra de modo que, pasadas las primeras semanas de mi mandato, los 48 millones de colombianos abandonen el país.
   —¡¿Cómo?! ¿Lo dice en serio?
   —Completamente en serio... Mi gobierno se encargará de dispersarlos a lo largo y ancho de los cinco continentes sin distinción de raza, sexo, religión o nivel de impunidad. Todos serán tratados en igualdad de condiciones, según reza la Constitución del 91. Prometo que no quedará un solo colombiano en todo el territorio nacional. Y listo, fin del problema.
   —¿Y los que no quieran irse a otro país?
   —Pues los mandamos a Kepler-186f, el planeta gemelo de la tierra que ha descubierto la NASA.
   —No diga eso. Vea que Colombia es un país bien lindo.
   —¡Claro, lindísimo! En eso estamos de acuerdo.
   —¿Entonces cuál es el problema?
   —El problema es que Colombia tiene un problema gravísimo: los 48 millones de colombianos. Y como en Colombia hay tantos colombianos, es urgente pensar en una solución que vaya a la raíz del asunto. Hay por ahí un senador pendenciero que apuesta por darle bala a todo el que se cruce en su camino. Yo no. Yo me inclino por una solución de otro tipo: repartir pasaportes y llenar un avión tras otro hasta que el país quede vacío, limpio y en calma, como tuvo que haber sido cuando aún no había colombianos y no se llamaba Colombia.
   —¿O sea que primero les pide el voto y luego los echa del país?
   —Es la única solución. Mi lema será «¡Todos afuera!».
   —Dudo mucho que su campaña electoral tenga éxito.
   —No importa. Si no gano ahora, dentro de cuatro años volveré a intentarlo. Y si tampoco gano, lo intento otra vez. No descansaré hasta el día en que Colombia sea un país libre de colombianos.

27 de junio de 2013

Un Gran Colombiano



—¡Esto es el colmo de los colmos! ¡Los colombianos acaban de elegir al ex presidente Uribe como el personaje más representativo de su historia!
   —Una elección coherente.
   —¡Por Dios...! ¡Le hablo de Uribe, de Álvaro Uribe Vélez! ¿Qué está diciendo?
   —Digo que es coherente.
   —¿Coherente? ¿Dígame cómo puede ser coherente que alguien tan nefasto salga elegido entre 125 personajes históricos? ¿Acaso no había nadie mejor?
   —¿Qué esperaba? ¿Que eligieran a García Márquez o a Rodolfo Llinás?
   —Hubiese sido lo más justo... Los mexicanos eligieron a Benito Juárez y los argentinos a José de San Martín. Pero nosotros, fíjese, dizque elegir a Uribe, un personaje con la mano tan dura y el corazón tan negro: alguien que tuvo estrechos vínculos con Pablo Escobar cuando fue director de la Aerocivil, por allá en el '81; que apoyó los grupos de ultraderecha, las llamadas Convivir, mientras fue gobernador de Antioquia; que se alió con los paramilitares para ser elegido presidente en 2002; que compró la reelección en 2006 por un par de notarías; que impulsó las ejecuciones extrajudiciales de cientos de civiles que su gobierno luego presentó como bajas subversivas en combate; que puso el DAS al servicio de las mafias; y que, en resumidas cuentas, durante sus ocho años de mandato no se cansó de hostigar a los organismos de Derechos Humanos, el periodismo independiente y a todo aquel que pensara distinto... Así que, por favor, no me venga con el cuento de que es una elección coherente. ¡No se lo permito!
   —Pues debería: le aseguro que Uribe es el más indicado para el título del Gran Colombiano.
   —Si no me da una buena razón, tendré que abandonar este diálogo.
   —Tranquilo, hombre... Es sencillo: pendenciero, altanero, bravucón, vehemente, irreflexivo, sectario y brutal, Uribe encarna como pocos el ideal del hombre colombiano. Todos quisieran ser como él. Es así de simple: le guste o no, esta elección del canal History es un fiel reflejo del país. Ha puesto en evidencia, una vez más, el carácter nacional: un sentimiento colectivo, ese gen extraño que galopa rabioso por nuestras venas y que nos ha nublado la conciencia desde que el mundo es mundo. O mejor dicho, desde que Colombia es Colombia.
   —Me parece que está exagerando...
   —No, no... Lo digo en serio. Y a todo eso, para colmo de males, súmele que se trata de un país sin valores, retorcido y desmemoriado, donde no existen el ayer ni el mañana sino un ciego presente de odios y venganzas, de confrontaciones diarias y guerras a muerte. Un país donde, si uno se atreve a discrepar, lo más sensato que le responden es: «¡le rompo la cara, marica!».
   —Sí, pero...
   —Así que tranquilo, no sufra. No gaste pólvora en gallinazos. Más bien siéntese, tómese un aguardiente y grite bien fuerte: «¡Viva Colombia!».