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3 de octubre de 2016

Vietnam



—¿Y esas maletas? No me diga que se va de viaje, doctor Ambidiextro.
   —Mañana mismo, a primera hora.
   —¡Ah, carajo! ¿Y para dónde?
   —Voy a pasar una temporada larga en Vietnam.

1 de octubre de 2016

2 de octubre de 2026



—Ay, compadre, cómo pasa el tiempo, ¿no? Fíjese, mañana dizque ya se cumplen 10 años desde que fuimos a votar el plebiscito por la paz con las FARC. ¿Se acuerda?
   —¡Claro que me acuerdo! ¡Fue un día histórico!
   —¿Y usted al fin pudo votar?

20 de julio de 2016

Bandera blanca



—¡Lo veo y no lo creo, compadre! ¿Al fin se cansó de poner la bandera de Colombia al revés cada 20 de julio? ¿Tanto le pesaba la conciencia, o qué?
   —¡Qué va! Es la misma: lo que pasa es que se le borraron los colores.
   —¿El amarillo, el azul y el rojo?
   —No: el rojo, el azul y el amarillo. Como la de Armenia. Acuérdese que estaba al revés.


7 de marzo de 2016

TPSA



—¿Y ahora por qué está tan rabioso? ¿Otra vez le entraron ganas de echar pestes de Colombia?
   —Ya no hablo mal de Colombia. Eso es pasado.
   —¿Ah, sí? ¿Por fin se regeneró?
   —No, qué va. La maldad de Colombia es tan grande, que se me acabaron los insultos.


13 de diciembre de 2015

Libre tránsito



España, madre de medio hemisferio occidental, ha encabezado la exención del visado Schengen para los ciudadanos colombianos, la cual se ha hecho efectiva desde el pasado 2 de diciembre. La crisis económica la obliga a ver con otros ojos a esa hija a la que impuso restricciones de entrada durante 15 años. He aquí el diálogo entre las dos protagonistas: España, una madre codiciosa e interesada; y Colombia, una hija terca, insumisa y desequilibrada.


28 de septiembre de 2015

Acuerdo



—Ya sabemos lo que piensa Daniel Cristancho sobre el Proceso de Paz con las FARC. Ahora sería bueno que usted, siempre tan rabioso, nos revelara su postura.
   —Le agradezco que no me compare con ese sujeto.
   —Está bien, pero no se vaya por las ramas. Los lectores quieren saber qué piensa.
   —Mi postura quedó clara en agosto del año pasado.


31 de agosto de 2015

Frontera




«... Venezuela, unida con la Nueva Granada, podría formar una nación que inspire a las otras la decorosa consideración que le es debida (...) Nuestra seguridad y la reputación del nuevo gobierno independiente nos impone el deber de hacer un cuerpo de nación con la Nueva Granada. Este es el voto ahora de los venezolanos y los granadinos (...) Divididos seremos más débiles, menos respetados de los enemigos (...) La unión hará nuestra fuerza y nos hará formidables a todos».


(*) Fragmento de la carta de Simón Bolívar al general Santiago Mariño
Valencia, 16 de diciembre de 1813

7 de agosto de 2014

Posesión presidencial


EL INFORMADOR / Política / Actualidad


Sergio Fajardo asume la presidencia de la Nueva Granada


SANTAFÉ, 7 de agosto de 2014

(EFE - Europa Press). El antioqueño Sergio Fajardo Valderrama, líder de la formación política Pacto Social Granadinoo (PSG), ha tomado posesión este mediodía como presidente de la República de la Nueva Granada, cargo en el que permanecerá durante los próximos cuatro años.
  Fajardo, de 58 años, fue elegido en la segunda vuelta con el 68% de los votos, más del doble que Jorge Enrique Robledo, de la Izquierda Democrática (ID), que obtuvo el 31.8%.
  El PSG, formación en el que confluyen varias tendencias de centro y de izquierda moderada, se consolida de esta manera como la primera fuerza política neogranadina, un espectro que ha ocupado desde 1990, cuando accedió por primera vez a la jefatura del Estado y puso en marcha un novedoso programa de gobierno basado en la educación ciudadana.
  La estela de la que es heredero Fajardo se forjó con el carismático Luis Carlos Galán, quien fue presidente del país en el período 1990-1994. Después siguieron sus coopartidarios Antonio Navarro Wolff (1994-1998), Alfonso Gómez Méndez (1998-2002); Antanas Mockus (2002-2006); Carlos Gaviria (2006-2010); y el mandatario saliente, Rafael Pardo Rueda (2010-2014).

Diversidad política
Pero este legado no es sólo político, sino también social . Tras siete gobiernos sucesivos del PSG, Nueva Granada ha iniciado un exitoso período de crecimiento económico y de reformas sociales que han reforzado los aportes realizados durante el siglo XX por los dos principales partidos: la Unión Nacional Conservadora (UNC) y el Partido Reformista Granadino (PRG).
  El éxito de la formación política parece estar en su diversidad de posturas, que en sí mismas han garantizado una alternancia en el poder.
  Fajardo, además de político, tiene un grado en Matemáticas y se ha desempeñado como docente universitario, labores que ha compaginado con éxito en los cargos públicos que ha ocupado antes de ser elegido Presidente, entre ellos, la alcaldía de Medellín, segunda ciudad neogranadina en importancia y capital del Estado Federal de Antioquia.

Referente de desarrollo
Potencia regional desde 1863, cuando acordó pacíficamente su independencia de España con los representantes del antiguo virreinato, Nueva Granada ha sido un referente en temas como sanidad, educación, libertad de culto y de pensamiento, igualdad de género, ciencia y tecnología, desarrollo sostenible y resolución de conflictos.
  En su corta historia como república, sólo ha tenido que sortear la Guerra Civil de finales del siglo XIX, que por poco provoca la separación del Estado Federal de Panamá y, con seguridad, hubiese sumido al país en una larga guerra entre radicales de los dos partidos tradicionales.
  Tampoco anidaron en su sociedad los postulados de las guerrillas armadas que, durante los años 60 y 70, se extendieron por gran parte del continente.
  Entre los grandes reformistas de la política neogranadina destacan nombres como Rafael Uribe Uribe (presidente del país en los períodos 1886-1900 y 1904-1908), Jorge Eliécer Gaitán (1950-1954 y 1954-1958) y Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), entre otros. También fue importante la labor de María Cano, ministra de Trabajo en el período 1946-1950.

18 de junio de 2014

El Ambidiextro reconoce su derrota en las presidenciales de 2014




     Movimiento del Sin Remedio Nacional (MSRN)
     18 de junio de 2014

Tras los resultados de las elecciones presidenciales celebradas el pasado domingo en Colombia, acepto sin reparos la voluntad de la mayoría de mis compatriotas y agradezco el apoyo de los 5 votantes (el 0.000031% del total de electores) que me dieron su confianza en mi aspiración patriótica de liberar a Colombia de los 47 millones de colombianos que la habitan. Ha sido un orgullo representarlos con tan magna propuesta.
     Felicito al candidato de la Unidad Nacional y actual presidente de la República, Juan Manuel Santos, quien estará sentado en el solio de Bolívar cuatro años más.
     Sin embargo, quiero dejar claro que su reelección no es un motivo de alegría. O, por lo menos, no de una alegría parecida al entusiasmo o a la euforia. Digamos, más bien, que es un gesto de tranquilidad. Un respiro. Zurdos, diestros y ambidiestros de diversos sectores sociales coindicen en que Santos está lejos de ser el líder que Colombia reclama. Aun así, entre el pacto negociado con las FARC o el matoneo de Óscar Iván Zuluaga y su rabioso patrón, el pendenciero senador Uribe, es evidente que la suya es la mejor de las opciones. O mejor dicho, la menos peor. Y como decían las abuelas, «haremos de tripas corazón».
     Por ello, como líder del Movimiento del Sin Remedio Nacional (MSRN), aprovecho la ocasión para hacer extensivo mi apoyo a los diálogos que se llevan a cabo en La Habana. Y lo hago confiado en que se conviertan en una vía directa hacia la paz, la justicia y la reconciliación tras décadas y décadas de enterrar muertos de ambos bandos. Es una nueva oportunidad que, por el bien del país, no se puede desaprovechar. Y, quizá, la última.
     En caso de que el Gobierno firme la paz con las FARC y los acuerdos se lleven a la práctica en temas como reconocimiento de víctimas, reforma agraria, empleo, educación, seguridad social, lucha contra el narcotráfico y participación política, es posible que no haga falta liberar a Colombia de sus 47 millones de colombianos. Y si eso ocurre, renunciaré inmediatamente a mi aspiración presidencial y anunciaré la irreversible disolución del MSRN.
     Pero como Colombia suele ser tan terca y tan corta de entendederas, prefiero continuar con mi solitaria militancia hasta que dichos acuerdos se suscriban. Uno nunca sabe.
     Patrióticamente,


   El Ambidiextro
   (desde algún lugar del paraíso del exilio)

24 de mayo de 2014

Campaña presidencial



—La publicación de este post supondrá un antes y un después en la historia de El Ambidiextro.
   —¿Nos va a revelar, por fin, a quién le plagia los artículos?
   —No. Ese secreto me lo llevo a la tumba.
   —¿Entonces?
   —¡Me voy a lanzar a la presidencia de Colombia!
   —¿Usted? ¿Un apátrida rabioso?
   —Sí, imagínese: un apátrida rabioso aspirando al sagrado solio donde el general Simón Bolívar, que en mala hora nos separó de España, puso alguna vez las nalgas.
   —¡Ah, carajo! ¿Y cuál es su partido político?
   —El recientemente fundado MSRN: Movimiento del Sin Remedio Nacional.
   —¿Y sus propuestas?
   —Una sola: conceder visas al extranjero a diestra y siniestra de modo que, pasadas las primeras semanas de mi mandato, los 48 millones de colombianos abandonen el país.
   —¡¿Cómo?! ¿Lo dice en serio?
   —Completamente en serio... Mi gobierno se encargará de dispersarlos a lo largo y ancho de los cinco continentes sin distinción de raza, sexo, religión o nivel de impunidad. Todos serán tratados en igualdad de condiciones, según reza la Constitución del 91. Prometo que no quedará un solo colombiano en todo el territorio nacional. Y listo, fin del problema.
   —¿Y los que no quieran irse a otro país?
   —Pues los mandamos a Kepler-186f, el planeta gemelo de la tierra que ha descubierto la NASA.
   —No diga eso. Vea que Colombia es un país bien lindo.
   —¡Claro, lindísimo! En eso estamos de acuerdo.
   —¿Entonces cuál es el problema?
   —El problema es que Colombia tiene un problema gravísimo: los 48 millones de colombianos. Y como en Colombia hay tantos colombianos, es urgente pensar en una solución que vaya a la raíz del asunto. Hay por ahí un senador pendenciero que apuesta por darle bala a todo el que se cruce en su camino. Yo no. Yo me inclino por una solución de otro tipo: repartir pasaportes y llenar un avión tras otro hasta que el país quede vacío, limpio y en calma, como tuvo que haber sido cuando aún no había colombianos y no se llamaba Colombia.
   —¿O sea que primero les pide el voto y luego los echa del país?
   —Es la única solución. Mi lema será «¡Todos afuera!».
   —Dudo mucho que su campaña electoral tenga éxito.
   —No importa. Si no gano ahora, dentro de cuatro años volveré a intentarlo. Y si tampoco gano, lo intento otra vez. No descansaré hasta el día en que Colombia sea un país libre de colombianos.

8 de enero de 2014

Métodos de olvido



La diligencia tiene lugar en el cubículo contiguo al mío. Una mujer de unos cuarenta y tantos, de tez morena y rasgos indígenas, saluda con un escueto «buenos días» y se sienta. Lleva un abrigo gastado que, a simple vista, parece una o dos tallas más grande. Tras las primeras preguntas del abogado (nombre, edad, dirección, etc.), sorprende el marcado acento español con el que habla. Sobre todo si, como dice, lleva sólo tres años en España.
   —Vaya, aquello pasó hace un par de años —comienza—. Fue cuando vivía en Colombia...
   Pero no ha hilado la primera frase cuando el abogado la interrumpe.
   —Tiene que ser más precisa —le advierte—. Tenga en cuenta que su testimonio va a ser remitido a la Unidad de Restitución de Tierras en Bogotá. Los funcionarios necesitan tener claro qué pasó, cuándo, dónde... Son muy importantes los detalles. Y también los nombres.
   La mujer fija la vista en algún punto del suelo. Luego, lentamente, se quita el abrigo y lo pone en su regazo. Ahora, con un jersey de lana blanco, parece mucho más frágil, diminuta.
   Unos segundos después, habla. Al principio, con cierta dificultad; luego, cada vez más resuelta. El acento español se ha diluido súbitamente. La declaración le sale en un colombiano duro, seco, como si cada palabra cortara el aire: asesinos, torturas, muertos, cuerpos mutilados, sangre, llanto, zozobra... Y, por supuesto, una huida: aire fresco, el exilio como única rendija hacia el olvido. O, por lo menos, hacia algo parecido.
   —Todo pasó en las afueras de Tuluá, Valle, en 2003... —retoma.
   Acabado el relato, las teclas del ordenador resuenan con estrépito durante algunos minutos. El abogado le da los últimos retoques a la declaración. La diligencia ha terminado.
   Todo (por fin) ha terminado.
   La mujer se levanta y lentamente se pone el abrigo. Un gesto nuevo le ha caído sobre el rostro, como un velo. Entonces, sin venir a cuento, vuelve a hablar con el acento español del principio.
   —¿Vosotros enviáis la respuesta?
   —La respuesta se la enviarán desde Bogotá. El Consulado sólo es un intermediario.
   —¿Cuánto tiempo creéis que pueda tardar?
   —Máximo 60 días.
   —Vale. Pues muchas gracias. Estaré atenta a cualquier notificación en mi domicilio.
   Y, sin más, se marcha.


(*) La Ley de Víctimas y Restitución de Tierras tiene como objetivo la reparación material, moral y psicológica de las personas que han sido víctimas del conflicto armado en Colombia a partir del 1 de enero de 1985.

31 de diciembre de 2013

Uvas con aguardiente



—Compadre, este año no sé qué pedir para Nochevieja. El 2013 no me trajo nada de lo que quería: ni la chiva ni la burra ni la buena suegra.
   —Yo por eso nunca pido nada. Me conformo con tener llena mi copa de aguardiente.
   —¿Qué le parece, compadre, si este año me ayuda con los deseos?
   —Está bien, pero las uvas se las come usted.
   —Trato hecho, compadre. Ya tengo listas las uvas... A ver, la primera.
   —¿Se le ocurre alguna cosa?



   —Quería pedir por el fin de la crisis económica.
   —No, hombre. No sea iluso. La crisis existe desde que el hombre dejó de contar con los dedos.
   —Bueno, pero no perdemos nada con pedirlo.
   —Allá usted. Son sus uvas.



   —Vamos con la segunda, compadre. Estaba pensando en pedir buena salud...
   —Sí, de eso pida bastante. Que no le falte. Como el plan del PP es acabar con la sanidad pública, lo mejor es no enfermarse. Dentro de poco nos cobrarán hasta por morirnos.



   —Listo, mucha salud. ¿Y dinero?
   —El necesario. Y si es posible, escóndalo debajo del colchón para no darle el gusto a los bancos.
   —¿Ni siquiera al banco malo?
   —Ni siquiera. Además, no diga «banco malo». Es una redundancia.



   —Está bien. Vamos por la cuarta, compadre. ¿Qué le parece si pido por la paz de Colombia?
   —Son deseos, no quimeras. Acuérdese que Colombia no tiene remedio.
   —¿Y por la reelección del presidente Santos?
   —Eso me gusta más. Tal como están las cosas, es lo menos peor que le puede pasar al país.



   —Vale, entonces la cuarta por Santos. ¿Y la quinta?
   —Ya que hablamos de política, pida por la señora Bachelet. Es una gran noticia que haya vuelto a la presidencia de Chile. Ese sí es un socialismo de verdad.
   —¡Viva Bachelet! ¡Salud, compadre!
   —¡Salud! ¡Y lléneme otra vez la copa, que ya casi son las doce!



   —Ahí está, bien llenita, para que reciba el año como es debido... Y ahora, si le parece, me voy a comer otra uva por Jordi Évole.
   —¡Estupendo! España necesita más periodistas como él.



   —Y otra por Edward Snowden, para que siga sacándole los trapos al sol a los gringos.
   —Of course, of course!
   —Y por la bertad de expresión, compadre.
   —Y por el triunfo de la verdad.



   —Y otra más por el Papa Francisco, para que saque los malos espíritus del Vaticano.
   —¡Dios lo oiga!



   —¿Y por Michael Haneke? ¿Qué le parece, compadre, si me como una uva en honor a Haneke?
   —Claro, para que nos siga regalando películas tan conmovedoras como «Amor».



   —¿Nos falta alguien, compadre?
   —Nos falta el más importante: el maestro Fernando Vallejo.
   —¿El viejo lengüisuelto que va por el mundo hablando barbaridades de Colombia?
   —Sí, el mismo. Mi mejor compatriota. Cómase la uva más grande por él y pida para que sus libros nos sigan acompañando en la placidez de este exilio.
   —¡Viva Vallejo! ¡Un brindis por sus libros!
   —¡Salud! ¡Y otra vez salud!



   —Ya vamos por la undécima, compadre. ¿Qué le parece si pido por una buena actuación de la Selección Colombia en el mundial de Brasil?
   —No sea iluso. Eso es como pretender que llueva de pa' arriba.
   —¿Usted cree, compadre?
   —Sí, hombre. Más bien pida por La Roja, a ver si el próximo verano volvemos a celebrar.
   —Vale, por la Roja. Que, además, esta vez tendrá a Diego Costa.



   —Me queda la última uva, compadre. ¿Qué opina si para el 2014 pido una buena suegra?
   —Aunque parezca imposible, las buenas suegras existen.
   —Vale, entonces la última uva por una buena suegra. Y por la hija, claro.
   —Y que, además de buena, ojalá esté bien buena.
   —¿La suegra o la hija?
   —Usted pida por las dos, que si no le gusta la una se queda con la otra.
   —¡Bien dicho, compadre! ¡Salud! ¡Y Feliz Año!

18 de junio de 2013

Diez minutos



—Compadre, apunte este dato: en Colombia hay un desplazado por la violencia cada 10 minutos.
   —¡Virgen del Agarradero...! No diga esas barbaridades, compadre.
   —No, si no es cosa mía. Lo dijo el otro día la ONU.  
   —Ah... Pues a ese paso, compadre, nos vamos a quedar sin campesinos.
   —Claro, porque fíjese: un desplazado cada 10 minutos, o sea 6 cada hora, o sea 144 al día, o sea 4.320 al mes, o sea 51.840 al año... Y mejor no sigo, porque a lo mejor llegamos a los 45 millones y acabamos desplazando al país entero.
   —¿Pero no dicen que Colombia está mejor que toda Europa junta?
   —¡Qué va, compadre! No se olvide que esas son las noticias que nos llegan hasta aquí, al exilio, y que es bien distinto verlo todo a la distancia que cuando uno está metido en el fregao. Hay cosas que ni un PIB del 6% puede cambiar, como ese gusto nuestro por la sangre y la guerra.
   —¿Y qué piensan los doctores del Gobierno?
   —El presidente Santos lo está intentando, pero es muy difícil llamar a la cordura en el país del odio. A la Ley de Restitución de Tierras le han salido ejércitos Anti-Restitución de Tierras. Al Proceso de Paz le han salido Enemigos del Proceso de Paz. Y así con todo lo demás, compadre. Basta con que usted proponga algo para que salga otro fulano diciendo lo contrario y le apunte con un fusil a la cabeza. Así es Colombia, compadre: terca, altanera, incorregible y violenta. Así ha sido y así seguirá siendo, por los siglos de los siglos, amén.
   —Pero algo tenemos que hacer, compadre.
   —Yo, por mi parte, lo tengo clarísimo: voy a comprarme una libreta para llevar la cuenta de los desplazados que se queden sin rancho de ahora en adelante.
   —¿Y servirá de algo, compadre?
   —Es lo único que se me ocurre, compadre. Además, yo ahora vivo en el exilio y de algún modo también soy un desplazado: no de la violencia, afortunadamente, pero sí de la estrechez de entendederas... Y ahora, con su permiso, tengo que irme, compadre.
   —¿Ya se va, compadre? ¿Tan rápido?
   —Sí, compadre. Es que fíjese: llevamos aquí casi seis minutos hablando, y dentro de poco serán ocho, y luego diez, y cuando eso pase en Colombia habrá un nuevo desplazado por la violencia y tendré que ir a apuntarlo a mi libreta. Quiero comenzar cuanto antes. Ya se me han escapado casi 5 millones y no pienso dejar ni uno más por fuera. Los quiero tener a todos: niños, mujeres, viudas, huérfanos, campesinos, indígenas, blancos, negros, mestizos, mulatos, pobres, requetepobres, miserables... ¡A todos, compadre, a todos! Es la única manera de no olvidarlos. Es la única manera de solidarizarme con su destierro.