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14 de agosto de 2013

Autocrítica (II)



Ante la «avalancha» de comentarios y tras una «exhaustiva» selección, El Ambidiextro pone en conocimiento de sus lectores el ejercicio de autocrítica propuesto hace dos semanas, el cual le ha dejado importantes conclusiones de cara a su labor. De paso, aprovecha para agradecer el interés de todos los que han seguido estos 100 post publicados hasta el momento. Eso sí: si algún día cometen el gravísimo error de no leer más el blog, su autor espera que, por lo menos, se tomen la molestia de escribirle un comentario exponiendo sus razones.


KAREN CARMONA (Madrid): Soy de Cochabamba, Bolivia, y vivo hace 11 años en España. En algunos post, cuando usted habla de Colombia, tengo la sensación de que también lo está haciendo de Bolivia. Nuestros males, salvo el de la guerra, son muy parecidos. ¿De verdad cree que Colombia es el peor país del mundo?
AMBIDIEXTRO: No, claro que no. Hace un par de años sí lo creí con plena convicción y hasta lo prediqué por el mundo entero. Fui un profeta del desencanto colombiano. Pero luego me di cuenta de que no valía la pena: primero, porque encontré pocos devotos; y segundo, porque el rótulo de «peor país del mundo» implica cierto grado de importancia, y Colombia no es tan importante. Ahora sólo hablo mal del país cuando es estrictamente necesario. Es decir, al menos una vez a la semana. Y si estoy de buen humor, dos o tres.

                                                                                             * * * *

LAURA BERMEJO (Barcelona): En un post publicado en abril, usted criticaba la iniciativa de los escraches a las viviendas de los políticos en España. Sin embargo, luego publicó otro en el que apoyaba la campaña de los conductores en Cataluña que no pagan los peajes. ¿Cuál es su criterio para hacerlo? ¿Cómo entender esta contradicción?
AMBIDIEXTRO: Es mejor que no la entienda, porque no existe. Mi posición es clara: apoyo todas las manifestaciones que sean pacíficas. Es verdad que estos dos movimientos reivindican derechos ciudadanos importantes, pero la diferencia está en que mientras uno lo hace sin recurrir a la agresión, el otro asume que la protesta es un mecanismo para tomarse la justicia por su propia mano. Comparto sus motivos, pero no sus métodos. No todo vale a la hora de manifestarse, y menos si se trata de emplear la violencia (en cualquiera de sus múltiples formas).

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DIANA MARNQIUE (Madrid/Neiva):  Interesante texto (en referencia al post «Chorizos, chanchullos, rapiña»), aunque estoy en total desacuerdo. Me niego rotundamente a considerar que Colombia sea un país donde la actitud nacional es la corrupción. Es verdad que es una práctica generalizada, pero somos muchas las personas que hemos decidido no entrar en esa dinámica. Y sólo por esa excepción, rechazo que me incluyan en el mismo costal.
AMBIDIEXTRO: Tiene toda la razón. Es más, reconozco que muchas de las cosas que digo sobre Colombia son exageraciones. Y provocaciones. Pero aquí el asunto es otro: este blog no es meramente noticioso. Si lo fuera, todo su contenido merecería un rechazo generalizado, pues faltaría claramente a la verdad. En cambio, es un blog que mezcla la actualidad con elementos de la ficción, y que a partir de ahí crea un estilo y una forma de narrar. Cuando yo digo «negro», en realidad quiero decir «gris». Lo que pasa es que no digo directamente «gris», pues nadie me leería. Al lector hay que engancharlo diciendo «negro». De modo que, por el bien de su salud, no se lo tome tan en serio. Disfrútelo. Y si ve que no lo soporta, déjelo. No sería la primera vez que pierdo un lector colombiano por las «barbaridades» que digo sobre Colombia.

31 de julio de 2013

Autocrítica (I)



Nadie sabe lo que pasó en aquel vestuario. Lo único cierto es que allí se gestó uno de los capítulos más épicos de la historia reciente del fútbol.
   Al término del primer tiempo, el Liverpool caía 0-3 en la final de la Liga de Campeones de 2005. El AC Milan había resuelto el asunto en apenas 45 minutos.
   Es probable que el primero en hablar fuera Rafa Benítez, el entrenador del equipo inglés. Y que, contra todo pronóstico, lo hiciera en tono moderado, conciliador, con el tacto y la mesura de quien está delante de un moribundo. De hecho, es probable que sus primeras palabras tuvieran el tono de un sacerdote oficiando la extrema unción.
   Y es probable que, tal como estaban las cosas, rompiera su costumbre de ponerse delante de la pizarra para insistir en la táctica. Nadie, ni siquiera el capitán Gerrard, le habría escuchado.
   En cambio, lo más seguro es que, tras una escueta intervención rematada por un «no entiendo nada de lo que está pasando», se hubiera quedado en silencio, con los brazos cruzados mientras repasaba uno a uno los rostros de sus jugadores.
   Es posible que alguien dijera algo. Quizá el aguerrido Carragher. O quizá el goleador Baros o uno de los dos españoles, Alonso y García. Pero también es posible lo contrario: que cada uno, con las imágenes del juego palpitando aún en su cabeza, guardara completo silencio hasta que el llamado del comisario de la FIFA los rescatara de esa extraña quietud.
   Luego, reunidos en un círculo, es probable que hayan regresado al campo del Olímpico Atatürk de Estambul al grito de: «I never walk alone!».
   El resto de la historia es conocida: los de Benítez igualaron el partido (3-3), forzaron la prórroga y se impusieron en la tanda de penaltis (3-2).

(*) Para celebrar el centenar de posts y las 5.000 visitas a su blog, El Ambidiextro recibirá en los próximos días cualquier pregunta, inquietud, duda, comentario, opinión, elogio, felicitación, aplauso, crítica, reproche, diatriba, demanda, acusación, imputación, queja, insulto o infamia que sus lectores quieran remitirle.