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16 de octubre de 2016

Adéu, Colom



—A mí no me gustaría ver Las Ramblas de Barcelona sin el monumento a Colón. ¿Y a usted?
   —¿Colón? ¿El precursor del exterminio indígena en América?
   —El precursor de la América que ahora somos.
   —¡Ay, qué frase más bonita! ¡Me ha roto el corazón!

13 de agosto de 2016

Hoguera digital



—¿Ya firmó la petición en change.org para pedir la retirada del libro de María Frisa? Dese prisa, que ya somos casi 35.000. ¡Un poco más y lo logramos!
   —No pienso firmar nada.
   —¿Sus vínculos laborales con Alfaguara se lo impiden? ¿No le dan permiso?
   —Eso es lo de menos.


10 de julio de 2016

Cumbre de las Azores



Cualquier director con un mínimo de experiencia habría notado que aquella escena no se sostenía, no era verosímil. «Vamos a dejarlo por un rato», habría dicho, mientras los tres actores se retirarían al vestuario a arreglarse el nudo de la corbata o a repasar una vez más su parlamento. ¿Qué sucedía? ¿Qué era lo que le restaba credibilidad a la situación? Quizá era el decorado: las flores de plástico sobre la mesa, los muebles demasiado convencionales, el fondo de piedra caliza que daba la impresión de venirse abajo con un soplo, como si fuese demasiado evidente que sólo estaba allí para ambientar aquella escena, la Cumbre de las Azores, y que en el siguiente acto lo cambiarían por otra cosa, un despacho de gobierno o un mitin ultranacionalista o directamente la invasión de un país en Oriente Medio. Quizá eran las luces, excesivas y mal ubicadas, y que dibujaban sendas sombras de los actores en el fondo de la estancia. O quizá —el director continuaría ajustando detalles— el problema estaba en los propios actores: rostros demasiado distendidos, casi afables, sin la gravedad que la escena requería, como si estuviesen celebrando algo y no anunciando una guerra (el actor de la izquierda, sorprendido por las cámaras y las luces, ni siquiera parecía estar en situación). Sea como sea, al cabo de un rato el director volvería a convocarlos a escena y los tres actores ocuparían sus lugares. «Necesito que sea creíble», les diría, «necesito que la gente crea que todo esto es verdad».


25 de junio de 2016

Votemos (II)



—¿Otra vez usted con ese rollo de ir a votar? ¿No se cansa? A mí déjeme tranquilo, que prefiero quedarme en casa viendo la Eurocopa. Hoy comienzan los octavos de final.
   —Lo uno no condiciona lo otro. Puede hacer las dos cosas.
   —Deme una buena razón.
   —Tenemos que hacer algo. Esto no puede seguir como hasta ahora.


21 de junio de 2016

Manos



—Bienvenidos a esta sesión de rehabilitación. Os recordamos que este grupo está conformado por maltratadores confesos y por otros tantos que hasta ahora no lo han reconocido. Que cada quien diga lo que tenga que decir. Ya podéis empezar a hablar.
   — ...
   — ...
   — ...


3 de mayo de 2016

Consulado de Suecia



—¿Otra vez va a hablar mal del Consulado? Tenga cuidado: mire que los colombianos que viven en Madrid son muy chismosos y en un dos por tres le llevan el cuento a la cónsul.
   —¡Qué va! ¡Esa vieja no sabe que este blog existe!
   —Yo no estaría tan seguro.
   —Además, esta vez no voy a hablar mal de nadie. Vengo en son de paz.


21 de marzo de 2016

Azul profundo



El mar siempre ha estado ahí: amplio, latente, vivo. Nos mira; nos habla en su lengua de olas del pasado. Hubo un tiempo en que lo cubría todo. No había nada: todo era el mar. Nosotros, medusas embrionarias, nadábamos sin rumbo en su inmensidad, en ese azul profundo que aún no era vida. Hasta el día en que Alguien dijo: «Hágase la luz», y hubo luz. Y su mano separó las aguas de la tierra y del cielo. Entonces el mar ocupó su sitio, y nosotros alcanzamos las costas convertidos en oscuros anfibios. Nunca más regresamos a él, pero el mar siguió habitando en nosotros. Con el tiempo, lo hemos olvidado; apenas lo miramos, como si en realidad no estuviera o fuese una llanura muerta. Alguien ha tenido que refrescarnos la memoria: nos ha llevado allí otra vez, a ese azul profundo donde alguna vez fuimos medusas. Y ese alguien, a su manera, ha hecho que nos miremos al espejo. «Todo está en todo», nos ha recordado, mientras sus figuras se llenan de coral y de esponja hasta fundirse con aquel fondo primario.

(*) Museo Subacuático de Lanzarote (Canarias - España) / Jason deCaries Taylor.

21 de febrero de 2016

Rita y Charlie



—Si usted estuviera en el lugar de Rita Maestre, los de la asociación Tomás Moro ya le habrían puesto un par de querellas por llamar «Viejo Barbudo» a Dios.
   —Menos mal no lo hicieron. Habrían perdido.
   —¿Cómo lo sabe?
   —Les hubiese llevado el Santo Sudario como prueba máxima.


19 de diciembre de 2015

Votemos



—¡Tiempo sin saber de usted! Le perdimos la pista desde que se volvió dizque «analista político» y sale en la tele destilando su odio en todas direcciones.
   —Vivimos días agitados. Por si aún no lo sabe, mañana son las elecciones generales.
   —Claro que lo sé, pero no pienso moverme del sofá. ¿Y usted?
   —No tengo sofá en casa. Iré a votar.


13 de diciembre de 2015

Libre tránsito



España, madre de medio hemisferio occidental, ha encabezado la exención del visado Schengen para los ciudadanos colombianos, la cual se ha hecho efectiva desde el pasado 2 de diciembre. La crisis económica la obliga a ver con otros ojos a esa hija a la que impuso restricciones de entrada durante 15 años. He aquí el diálogo entre las dos protagonistas: España, una madre codiciosa e interesada; y Colombia, una hija terca, insumisa y desequilibrada.


17 de septiembre de 2015

Cuarto cumpleaños: retrospectiva



—Esta vez, con el permiso de los lectores, vamos a dejar de lado el análisis y el debate para hacer una retrospectiva de lo que han sido estos cuatro años.
   —¿Análisis? ¿Debate? ¡Pero si usted lo único que hace es hablar mal de Colombia!
   —No exagere. Yo sólo digo unas cuantas «cositas».
   —¿Y por qué no hace una fiesta y vuelve a tirar la casa por la ventana?


23 de agosto de 2015

Hoja de reclamación



Resignados, un colega y yo apuramos el último trago de la cerveza. Faltan 10 minutos para que acabe el partido en Tiflis y el Sevilla, aunque le ha plantado cara al Barça y está a un solo gol del empate, es casi seguro que se quedará ad portas del milagro.


25 de abril de 2015

¿Con o sin corbata?



—¡Qué milagro de verlo! ¿Dónde estaba metido? Creíamos que le había picado el «bichito» de la política y andaba en plena campaña para la Comunidad de Madrid...
   —Mi única aspiración política es ser Presidente de Colombia.
   —Lo digo porque como ahora hay tanta gente nueva en las listas de los partidos: un poeta, un filósofo kantiano, una jurista, un diseñador de páginas web, profesores universitarios...
   —Eso de «gente nueva» no está del todo claro. Habrá que verlo.


2 de abril de 2015

Política gramatical: cuatro partidos





Tras las elecciones en Andalucía y los más recientes sondeos de intención de voto del CIS, cuatro fuerzas protagonizan el escenario electoral en 2015. Cuatro partidos. Cuatro formaciones que, al menos en teoría, reflejarían el «sentir político» de los electores.


5 de marzo de 2015

Mi último objeto


 

 

—Ya que vamos a hablar de la exposición de Brian Sokol, sería bueno que empezara haciéndolo en primera persona. ¿Qué objeto trajo usted antes de lanzarse al exilio?
   —Ninguno. Yo vine a España buscando el olvido.
   —¿Y lo consiguió?
   —No, qué va... Colombia, con su perversidad infinita, lo sigue a uno a todas partes.


7 de febrero de 2015

Reportaje



—No voy a pedirle su opinión sobre el reportaje que hizo Antena 3 en Colombia. Ya sé que usted, como buen apátrida, celebra todo lo que hable mal de la tierrita.
   —No todo. A veces, cuando escucho ciertas cosas, me dan ganas de volver a ser colombiano.
   —A ver, qué cosas. Dígame al menos una.
   —Por ejemplo, el dichoso reportaje del que hablaba hace un momento.


17 de noviembre de 2014

¿Podemos o Podemos?



—Me extraña su silencio, compañero. Podemos ya es la primera fuerza política en intención de voto y usted no nos ha dedicado ni una sola línea.
   —La cosa tiene buena pinta. Lo que pasa es que a veces me entran dudas.
   —A ver, qué dudas. Debatamos.
   —En primer lugar, no sé de cuál «Podemos» estamos hablando.
   —Pues de Podemos, la alternativa ciudadana ante la «casta» política y el poder financiero que, desde el año '78, vienen pisoteando nuestra democracia.
   —Ya lo sé. Lo que no me queda claro es si hablamos de «Podemos» o del otro «Podemos».
   —Podemos sólo hay uno, compañero.
   —Según la RAE, son dos. El primer «Podemos» es la primera persona del plural del presente del verbo «podar». O sea, el que usted usa cuando dice: «Podemos las malas hierbas».
   —Bueno, si de eso se trata, ese «Podemos» también tiene que ver con Podemos.
   —Claro, y hasta cierto punto lo entiendo.
   —¿«Hasta cierto punto»?
   —En su significado más directo, el verbo «podar» significa limpiar, asear, expurgar, adecentar o mejorar algo. Pero, visto desde el extremo, también puede ser sinónimo de talar, cercenar, desmochar o mutilar. Y eso es lo que, en el caso de Podemos, no acaba de cerrarme. Sobre todo si se habla de los medios de comunicación o del tratamiento al sector privado.
   —Podemos no propone una ruptura, sino un replanteamiento.
   —A veces no lo parece. A veces da la impresión de que es mero griterío y resentimiento.
   —No, compañero. El griterío es exclusivo de PP y PSOE.
   —Si lo que me dice es cierto, entonces nos acercamos al segundo «Podemos».
   —¿Qué significa ese «Podemos»?
   —El segundo «Podemos» me gusta más. Es la primera persona del plural del presente del verbo «poder». Por ejemplo, el que usamos cuando decimos: «Podemos hacer las cosas de otra forma». Me gusta la voluntad de ese «Podemos», en plural, pues lleva implícito el «poder» de la unión ciudadana que propone otra forma de «poder», o sea, de Estado: uno más cercano, más eficaz y transparente y con una verdadera vocación de servicio. Y como ese «poder» cada día es más «poder», no sería mala idea verlo en el Parlamento como una parte más del «poder» político. Un «poder» dentro del «poder». Es decir, un «poder» más real.

29 de octubre de 2014

Jugadores de golf



—Técnicamente es sólo una fotografía. No entiendo por qué tanto escándalo en las redes sociales.
   —La inmigración irregular no es sólo un problema técnico.
   —El golf no tiene nada que ver en esto.
   —Nadie ha hablado del golf.
   —Parece como si los ricos, por ser ricos, tuvieran la culpa de las desgracias ajenas.
   —Depende de qué tipo de ricos.
   —De los que juegan al golf, por ejemplo. En Melilla o en cualquier otro sitio.
   —Yo me refería al comportamiento de esos ricos, no a sus aficiones ni a su lugar de residencia.
   —Los ricos tienen derecho a acumular fortunas.
   —Eso no implica que miren hacia otro lado, como si no pasara nada.
   —¿Hacia dónde deberían mirar?
   —No sólo se trata de mirar. También hay que saber actuar.
   —Cuando se publicó esta foto, varios jugadores no volvieron al campo de golf en Melilla. Y me han hablado de otro que, al ver a los inmigrantes allí subidos, se puso a llorar.
   —Volvemos a los tipos de ricos...
   —Pero otros, incluida aquella pareja, siguieron yendo. Y eso no quiere decir que sean culpables.
   —No. Eso quiere decir dos cosas.
   —¿Qué cosas?
   —La primera, que a esa pareja que sale en la foto le gusta mucho el golf.
   —Seguramente. ¿Y la segunda?
   —Que a esa pareja que sale en la foto le gusta el golf por encima de todo.
   —Problema de ellos. ¿Le parece eso es tan grave?
   —Si su mayor preocupación consiste en llegar al hoyo 18 mientras, al otro lado de la valla, miles de personas se juegan la vida diariamente por cruzar una frontera, entonces sí estamos hablando de algo grave. ¡Algo gravísimo! Llámelo como quiera. Hoy me he olvidado el diccionario de sinónimos. Tan grave será que puede acabar siendo una conducta. Y eso no lo podemos permitir. Hay que hacer algo. Hay que abandonar cuanto antes esta partida de golf.

(*) Foto: campo de golf en Melilla, ubicado a escasos metros de la valla fronteriza que separa a España de Marruecos.

17 de octubre de 2014

Avenida de América, 31



—De Onetti se han escrito muchas cosas. Deme una buena razón para seguir leyendo este post.
   —Lo que voy a mostrarle no lo ha visto casi nadie. Ni siquiera los más «onettianos».
   —¿Un documento que prueba la existencia de Santa María?
   —Santa María es tan real como cualquier ciudad. Basta con abrir un libro de Onetti para darse cuenta de eso. Ni siquiera él mismo, que le prendió fuego en «Dejemos hablar al viento» (1979), pudo desaparecerla. Ahí sigue: imperturbable, legendaria, decadentemente bella.
   —¿Entonces de qué se trata?
   —Del mobiliario de la casa de Onetti en Madrid.
   —¿La casa de Avenida de América, 31?
   —Sí. La misma casa en la que se instaló cuando, por allá en 1975, la dictadura militar le obligó a abandonar definitivamente el Uruguay. Y en la que, diecinueve años después, murió.
   —¿Qué pasa con el mobiliario?
   —Casa de América de Madrid lo expondrá hasta el próximo 15 de noviembre.
   —¿Y de qué cosas estamos hablando?
   —Han traído el comedor, las estanterías, las alfombras, los ceniceros, los cuadros, los relojes, las sillas, los vasos, las gafas, las fotografías... Incluso, situada casi en el centro de la sala de exposición, han puesto la habitación en la que Onetti pasaba horas enteras leyendo o escribiendo o, simplemente, tratando de descrifrar las manchas de humedad del techo. Está intacta, con los mismos libros y los objetos idénticamente dispuestos que el día de su muerte... ¡Han traído todo! Como dijo la propia Dolly, la mujer de Onetti: «¡Me han desmantelado la casa!».
   —¡Qué maravilla! ¡Eso es como estar en Santa María!
   —Y, junto a todo esto, también se exhiben documentos de especial relevancia, como el discurso que leyó el día en que le dieron el Premio Cervantes (1980). O sus publicaciones de prensa más recordadas. O sus pasaportes, sus carnés, su certificado de matrimonio con Dolly y hasta las mil y una notitas y los poemas y los comienzos de relatos que escribía de su puño y letra.
   —Vamos, que uno sale de allí con ganas de leer a Onetti.
   —Es la idea... Ah, pero eso sí: no le recomiendo que lo lea en el autobús ni en el metro ni en la sala de espera del dentista. Onetti, que era ocioso por naturaleza y pasó gran parte de su vida tumbado en la cama, no es un autor de prisas. Como ha dicho Antonio Muñoz Molina: «La mejor manera de leer a Onetti es acostado». O sea, como el propio Onetti.

(*) En recuerdo del 20 aniversario de la muerte de Juan Carlos Onetti (1909-1994).

6 de octubre de 2014

iPhone 6



—Bienvenido a Apple Puerta del Sol. ¿En qué puedo ayudarlo?
   —No sé. Quería saber qué diablos pasa aquí. Afuera hay un montón de desgraciados que llevan haciendo fila toda la noche. No entiendo nada.
   —Hoy se pone a la venta en España nuestro nuevo modelo de smatphone: el iPhone 6.
   —Ah, es que creí que lo regalaban...
   —No. Es la novedad. Tenga en cuenta que es el acontecimiento comercial del año para nuestra marca. La gente lleva meses esperando este momento.
   —¿Y es que sólo se puede comprar hoy? ¿O es que han traído poquitos ejemplares?
   —No, no. Simplemente, los clientes quieren ser los primeros en tenerlo.
   —Pero no hace mucho se había puesto a la venta otro. ¡Menudo escándalo que hicieron!
   —Sí, el iPhone 5. Lo que pasa es que ya se ha quedado obsoleto.
   —Pues haberlo fabricado mejor, ¿no?
   —Es la tecnología. Todas estas cosas van muy de prisa.
   —O sea, que dentro de un año el dichoso iPhone 6 también se habrá quedado obsoleto...
   —Probablemente.
   —¿Y aún así la turba enfermiza lo compra?
   —Es la lógica del mercado.
   —Menuda lógica. Y dígame, ¿qué tiene de especial el iPhone 6? ¿Una herramienta que vive por la gente? ¿O es que convierte al usuario en una aplicación más del teléfono?
   —La pantalla es más grande y hace mejores fotos.
   —Bah, qué novedad.
   —Además, su diseño sin bordes lo hace mucho más ligero y cómodo. Créame: una vez lo tenga en su mano, no podrá soltarlo. Es el mejor teléfono que se ha fabricado hasta ahora.
   —En eso último se equivoca. No es el mejor.
   —¿Ah, no? ¿Cuál es?
   —El Nokia 5500. Mire, aquí tengo el mío. Lo compré hace cinco años y no da ningún problema. Cuando me llaman, suena una musiquita de Liszt... Ah, y tiene linterna incorporada.
   —Bueno, eran otros tiempos.
   —¡Nada de eso! Para el Nokia 5500 no existen «otros tiempos». Es atemporal, inmortal, como el mismísimo Dios. El día de la hora final, cuando alguien pulse el botón de la bomba atómica, sólo las cucarachas y el Nokia 5500 seguirán existiendo sobre la faz de la Tierra. Así que no intente venderme el dichoso iPhone 6 ni ninguno de esos aparatos. Me quedo con el mío. Gracias. Y ahora me marcho, no le hago perder más tiempo. Sé que todavía tiene que atender a esa turba enfermiza que está afuera con la cara pegada a los cristales.