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28 de marzo de 2016
¡Llegaron!
—¡Ese viejo deslenguado y rabioso me tiene harto! Si de mí dependiera, ahora mismo le quitaba el pasaporte y le prohibía la entrada a Colombia.
—¡Cuidado! En este blog está prohibido hablar mal del maestro Fernando Vallejo.
—¿Y esta vez qué? ¿Otro librito con la cantaleta de siempre?
—Los temas del maestro son los mismos, pero sus libros nunca son iguales.
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12 de septiembre de 2014
Tercer cumpleaños: lista de invitados
—Le confieso que yo, al principio, no daba un céntimo por este blog. Y fíjese, quién lo diría: tres años despotricando a diestra y siniestra... ¿Cómo piensa celebrarlos?
—Con una gran fiesta. ¡Voy a tirar la casa por la ventana!
—¿Y dónde piensa celebrarla, en Colombia?
—No, qué va. Mis compatriotas no me pueden ver ni en pintura. La fiesta la voy a hacer aquí, en Madrid, la capital mundial de mi exilio.
—¿Y los invitados?
—Uf, muchísimos. Ni se imagina cuántos. Ya tengo hecha la lista. ¿Quiere que la repasemos?
—Usted dirá.
—El primero, para quien tengo reservadas una mesa y una botella del mejor aguardiente, es el maestro Fernando Vallejo. Vendrá desde México D.F. con su perra Bruja. Además de ciertos recursos formales, este blog le debe su ira, sus impecables insultos, esa constante desazón que, en el fondo, no es otra cosa que el disfraz de la esperanza y el amor más puro.
—¡Que viva Vallejo! ¿Quién más?
—También vendrán los grandes maestros que ha tenido El Ambidiextro desde que descubrió que era ambidiestro: Piedad Bonnett, Alejandro Gándara, José Luis Corrales y Jaime Repollés.
—¡Menudo cartel!
—Los siguientes son los periodistas y columnistas de prensa, que aportan ideas y análisis. Los de España: Juan Cruz, Juan José Millás, Rosa Montero, Elvira Lindo, Javier Ruiz, Fermín Bocos, José María Brunet, Antonio Papell, Ignacio Escolar, Antonio García Ferreras, Ana Pastor, Jesús Cintora y Jordi Évole. Los de Colombia: Héctor Abad Faciolince, Óscar Collazos, Antonio Caballero, Daniel Coronell, León Valencia, Eduardo Escobar y Ricardo Silva. Y los de otros sitios: Yoani Sánchez, Jorge Volpi, Martín Caparrós, Leila Guerriero, Juan Villoro...
—Y con tanto periodista, ¿no le quedará muy seria la cosa?
—Obvio, por eso es que voy a traer a una buena camada de caricaturistas: Forges, Peridis, El Roto, Erlich, Vladdo, Tola y Maruja, Magola, Nieves y Matador.
—¿Y no va a invitar amigos?
—Sí, claro. Los de las terturlias en las que no queda títere con cabeza: Laura Riazuelo, Mariella Villanueva, Ana Calzada, Raúl Lavarello, Christian Esteban, Joaquín Mulén... Ah, y dos mujeres muy importantes, pues son las únicas colombianas que soportan las peroratas de El Ambidiextro contra Colombia: Liliana Puerta y María Eugenia Rozo.
—¡Qué gentío! ¿Y no habrá sitio para mí?
—Espere lo busco en la lista. ¿Cuál es su nombre?
—Daniel Cristancho.
—¡Claro, cómo no, aquí está! Usted es el escribiente, el redactor, el que pasa los textos a limpio y los corrige. Habérmelo dicho antes. Voy a ponerlo en la mesa de los lectores.
—¿Los lectores también están invitados?
—¡Por supuesto! No ve que son ellos los que, gracias a su «click» semanal, han hecho posible que El Ambidiextro siga maniobrando. Ya son 148 posts y casi 10.000 visitas en total. Son los lectores los que comentan, critican, disienten, refutan, corrigen, señalan, comparten, reafirman, añaden, rehacen o destruyen lo que aquí se publica. Y si hasta ahora ha sido así es porque estos textos, en cierta medida, también son de ellos. De modo que, si conoce a alguien más, invítelo. Aquí le abrimos espacio. No se reserva el derecho de admisión.
4 de marzo de 2014
Casablanca la bella
—Señor arquitecto, necesito que me ayude a construir una casa. ¡La más grande, la más bonita, la más blanca que jamás haya existido! ¡Casablanca la bella!
—Perfecto. Dígame cómo la quiere.
—Bueno, en realidad no es para mí. La casa es para el maestro Fernando Vallejo.
—¿El maestro Vallejo regresa al país?
—No, no, qué va. Él está muy tranquilito en México hablando barbaridades de Colombia, lo cual le agradecemos muchísimo todos los apátridas. Y sus lectores en general. El asunto es que ahora, con casi 71 años y un montón de recuerdos encima, necesita una casa en la que pueda sentarse a recordar sus cosas. Y por eso acaba de comprar el viejo caserón abandonado que está justo enfrente de la que, décadas antes, fue la casa de su familia. Y digo «fue» porque ya la tumbaron.
—Ah, qué cosita con el maestro... Y dígame, ¿dónde está la casa?
—En el barrio Laureles de Medellín.
—¿Y cómo la quiere?
—Blanca, blanquísima, aunque con puertas y ventanas de color café y una palmera en el centro de un antejardín verde, verde. Además, el maestro quiere dos patios grandes: uno para entronizar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y otro para poner una fuente con hienas de mármol. Lo demás será como lo de cualquier casa: cocina, baños, comedor...
—Perfecto, tomo nota.
—Ah, otra cosita: no se asuste si, en medio de la construcción de Casablanca, al maestro Vallejo le da por hablar con las ratas o soltar monólogos iracundos.
—¿El maestro habla solo?
—No sólo habla, sino que insulta, despotrica, blasfema. O sea, que no deja títere con cabeza: el papa Bergoglio, el papa Wojtyla, la Iglesia Católica, la mala patria Colombia, Medellín, el presidente Santos, Nicolás Maduro, España, Rajoy, Rubalcaba, la Real Academia de la Lengua, los políticos, los sociólogos, los pobres... Pero, a la vez, recuerda y ama: a su abuela Raquel Pizano, a su abuelo Leonidas Rendón, a su perra Bruja, a la finca Santa Anita...
—¡Válgame Dios! ¿Alguna otra cosa?
—Pues ahora que lo dice, sí. Entre esto y aquello, se me había olvidado comentarle un detallito: según parece, Casablanca está construida sobre un terreno fangoso.
—¡Uy, qué mal...! ¿El maestro lo sabe?
—Sí, sí, desde el principio. Se lo dijeron antes de comprar la casa.
—¿Y por qué la compró? ¿A quién se le ocurre comprar una casa destinada a hundirse?
—Pues a cualquiera de nosotros: a usted, a mí, al maestro Vallejo o al mismísimo Le Corbusier. Mejor dicho, a todo el mundo. ¿Acaso, señor arquitecto, no se da cuenta de que el terreno fangoso está debajo de todo lo que hacemos? Pues sí: ahí está y ahí seguirá por toda la eternidad. Y nosotros, constructores efímeros, estamos condenados a hundirnos con ello. Así que sólo nos queda una opción: levantar a Casablanca aun cuando sepamos que algún día caerá... Y ahora, si le parece, déjese de tantos apuntes y póngase manos a la obra.
31 de diciembre de 2013
Uvas con aguardiente
—Compadre, este año no sé qué pedir para Nochevieja. El 2013 no me trajo nada de lo que quería: ni la chiva ni la burra ni la buena suegra.
—Yo por eso nunca pido nada. Me conformo con tener llena mi copa de aguardiente.
—¿Qué le parece, compadre, si este año me ayuda con los deseos?
—Está bien, pero las uvas se las come usted.
—Trato hecho, compadre. Ya tengo listas las uvas... A ver, la primera.
—¿Se le ocurre alguna cosa?
—Quería pedir por el fin de la crisis económica.
—No, hombre. No sea iluso. La crisis existe desde que el hombre dejó de contar con los dedos.
—Bueno, pero no perdemos nada con pedirlo.
—Allá usted. Son sus uvas.
—Vamos con la segunda, compadre. Estaba pensando en pedir buena salud...
—Sí, de eso pida bastante. Que no le falte. Como el plan del PP es acabar con la sanidad pública, lo mejor es no enfermarse. Dentro de poco nos cobrarán hasta por morirnos.
—Listo, mucha salud. ¿Y dinero?
—El necesario. Y si es posible, escóndalo debajo del colchón para no darle el gusto a los bancos.
—¿Ni siquiera al banco malo?
—Ni siquiera. Además, no diga «banco malo». Es una redundancia.
—Está bien. Vamos por la cuarta, compadre. ¿Qué le parece si pido por la paz de Colombia?
—Son deseos, no quimeras. Acuérdese que Colombia no tiene remedio.
—¿Y por la reelección del presidente Santos?
—Eso me gusta más. Tal como están las cosas, es lo menos peor que le puede pasar al país.
—Vale, entonces la cuarta por Santos. ¿Y la quinta?
—Ya que hablamos de política, pida por la señora Bachelet. Es una gran noticia que haya vuelto a la presidencia de Chile. Ese sí es un socialismo de verdad.
—¡Viva Bachelet! ¡Salud, compadre!
—¡Salud! ¡Y lléneme otra vez la copa, que ya casi son las doce!
—Ahí está, bien llenita, para que reciba el año como es debido... Y ahora, si le parece, me voy a comer otra uva por Jordi Évole.
—¡Estupendo! España necesita más periodistas como él.
—Y otra por Edward Snowden, para que siga sacándole los trapos al sol a los gringos.
—Of course, of course!
—Y por la bertad de expresión, compadre.
—Y por el triunfo de la verdad.
—Y otra más por el Papa Francisco, para que saque los malos espíritus del Vaticano.
—¡Dios lo oiga!
—¿Y por Michael Haneke? ¿Qué le parece, compadre, si me como una uva en honor a Haneke?
—Claro, para que nos siga regalando películas tan conmovedoras como «Amor».
—¿Nos falta alguien, compadre?
—Nos falta el más importante: el maestro Fernando Vallejo.
—¿El viejo lengüisuelto que va por el mundo hablando barbaridades de Colombia?
—Sí, el mismo. Mi mejor compatriota. Cómase la uva más grande por él y pida para que sus libros nos sigan acompañando en la placidez de este exilio.
—¡Viva Vallejo! ¡Un brindis por sus libros!
—¡Salud! ¡Y otra vez salud!
—Ya vamos por la undécima, compadre. ¿Qué le parece si pido por una buena actuación de la Selección Colombia en el mundial de Brasil?
—No sea iluso. Eso es como pretender que llueva de pa' arriba.
—¿Usted cree, compadre?
—Sí, hombre. Más bien pida por La Roja, a ver si el próximo verano volvemos a celebrar.
—Vale, por la Roja. Que, además, esta vez tendrá a Diego Costa.
—Me queda la última uva, compadre. ¿Qué opina si para el 2014 pido una buena suegra?
—Aunque parezca imposible, las buenas suegras existen.
—Vale, entonces la última uva por una buena suegra. Y por la hija, claro.
—Y que, además de buena, ojalá esté bien buena.
—¿La suegra o la hija?
—Usted pida por las dos, que si no le gusta la una se queda con la otra.
—¡Bien dicho, compadre! ¡Salud! ¡Y Feliz Año!
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1 de noviembre de 2011
Libreta de muertos
—¿No ha pensado en llevar una libreta de muertos, tía Berta?
—¡Virgen Santísima! ¿Qué cosa es ésa?
—Pues una libreta en la que usted pone los nombres y apellidos de todos los cristianos que conoció y que ya se han ido para el otro barrio.
—Dios libre y guarde, mijo. ¿A quién se le ocurren semejantes ideas?
—Pues a Fernando Vallejo, tía. ¿Se acuerda de él?
—¿No es el viejo loco y sinvergüenza que anda gritando a los cuatro vientos que Colombia es el peor país del mundo?
—El mismo, tía. Un compatriota en todo el sentido de la palabra.
—No blasfemes, mijo, que el Señor te está oyendo.
—Total, el caso es que don Fernando, que había prometido no volver a escribir nada, hizo su propia libreta de muertos. Y la tituló El don de la vida (Alfaguara, 2010).
No es el mejor libro de Vallejo. De hecho, uno llega a extrañar la singularidad con que esa primera persona —que a veces es un muerto y a veces es el propio Vallejo— evoca el pasado perdido en otras de sus novelas. Aquí el plan es otro. Un personaje, presintiendo la llegada de su muerte, empieza a despedirse de todo: de la rencorosa y zafia Medellín, de Colombia la asesina, de la finca Santa Anita, de los compadres de antaño, de sí mismo, de la Humanidad...
Y en el camino se le ocurre llevar una libreta con el nombre de los muertos que conoció en vida: su abuela Raquel Pizano, el abuelo Ovidio, su padre Aníbal Vallejo, la tía Elenita, Pepe Metralla, Borges y hasta el propio Karol Wojtyla.
Están todos los que son: más de seiscientos. Y a los que pronto se unirá. Páginas de un diálogo entretenido, vibrante y cruel, escrito desde una ira tan profunda y despiadada que, irremediablemente, es la misma cara de un profundo amor por la vida: "Déjese llevar por la caída. Caiga, caiga, caiga en el pozo sin fondo a la buena de Dios. Y ame, ame, ame que el odio pudre el corazón del hombre. Pero eso sí, no ame demagógicamente a todos porque el que ama a muchos no ama a nadie. Ame como yo, que sólo amo a uno solo: a usted, compadre. Y tomémonos el último aguardiente, que ya amanece y el garrafón se acabó".
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