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21 de agosto de 2016

Noventa



Para bien y para mal, estaba llamado a cambiar la historia de su país. A los 14 años escribió una carta al presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, que ya revelaba su interés por los asuntos políticos. A los 27 lideró un primer intento armado...por derrocar al dictador Fulgencio Batista, pero la operación fracasó y fue enviado a prisión. Allí asumió su propia defensa: «La Historia me absolverá», dijo. Seis años después, el día de Año Nuevo de 1959, entró triunfal en La Habana junto al resto de «barbudos» y comenzó una larga travesía en el poder. Carismático, sagaz y con una determinación de hierro, sobrevivió a 634 conspiraciones y a 10 presidentes de los Estados Unidos. Su figura, a la que se atribuían poderes místicos, fue referente de luchas similares en el resto del continente. Pero la Revolución no evolucionó: al contrario, se traicionó a sí misma. Durante décadas, los que pensaron distinto fueron relegados, vejados y fusilados. Otros huyeron bajo el estigma de «gusanos». El Comandante hizo una isla a su medida y acabó convertido en aquello que con tanta firmeza condenaba. La Primavera Negra de 2003 confirmó el desengaño de muchos: poco quedaba de aquel joven humanista de la Sierra Maestra. Sus ideas envejecieron tanto como él. Hoy, mientras celebra sus 90 años, la isla camina hacia un nuevo tiempo sin arengas revolucionarias ni uniformes verde olivo.

26 de julio de 2016

Domingo de Revolución



—Me alegra que haya vuelto por la senda de la Revolución. La última vez, si mal no recuerdo, se acercó peligrosamente al discurso del imperialismo. ¡Viva el 26 de julio!
   —Nada de eso: ni hoy es domingo ni vengo a celebrar un año más de la Revolución.
   —¿Ah, no? ¿Va a seguir haciéndole propaganda al enemigo?
   —No vine a hablar de política. Vine a hablar de la última novela de Wendy Guerra.


1 de noviembre de 2015

Regreso a Ítaca



Escena 1: En una azotea de La Habana, a mitad de la tarde, frente al Malecón.
AMADEO: ¡Qué ganas tengo de ver un juego de pelota! ¡En España no saben lo que es eso!
ALDO: ¿Quién juega hoy?
EDDY: Industriales contra Santiago. ¿No oyes los gritos?
AMADEO: ¡Hasta los gritos me hacían falta!


28 de septiembre de 2015

Acuerdo



—Ya sabemos lo que piensa Daniel Cristancho sobre el Proceso de Paz con las FARC. Ahora sería bueno que usted, siempre tan rabioso, nos revelara su postura.
   —Le agradezco que no me compare con ese sujeto.
   —Está bien, pero no se vaya por las ramas. Los lectores quieren saber qué piensa.
   —Mi postura quedó clara en agosto del año pasado.


21 de marzo de 2013

Cuba blanca, Cuba negra



Al principio el público es una mancha gris que espera, más o menos ansioso, la intervención de las Damas de Blanco en Madrid. Es la primera vez que Berta Soler, líder de la asociación en La Habana, acude a un acto público fuera de Cuba y con pasaporte en propiedad.
   —No estoy aquí por la buena voluntad de Raúl Castro —dice—. Estoy aquí gracias a la presión internacional.
   Soler recibe los premios que han estado esperándole desde hace casi ocho años. Luego, tras un testimonio que por momentos roza el histrionismo, alza las manos y grita:
   —¡Cuba sí, Castro no!
   Entonces el público deja de ser una mancha gris: los de Blanco —partidarios de las Damas— van brotando poco a poco, se levantan de sus sillas, aplauden rabiosamente y se unen al coro.
   El discurso de una ex presidenta madrileña causa revuelo, especialmente entre los asistentes de la última fila. Reclaman un espacio para las preguntas. La mesa del evento se niega.
   —¡Viva Fidel, viva la Revolución! —grita uno.
   Entonces el público deja de ser una mancha gris con puntos blancos: los de Negro —partidarios de la Dictadura— van brotando poco a poco, se levantan de sus sillas, aplauden rabiosamente y se unen al coro. Algunos, creyéndose protagonistas de una toma armada, llevan el rostro cubierto.
   Los de Blanco vuelven a la carga: «¡Democracia! ¡Libertad!».
   Los de Negro replican al instante: «¡Neoliberalistas! ¡Yankees! ¡Imperialistas!».
   Los de Blanco no ceden ni una pizca: «¡Viva el embargo económico!».
   Los de Negro no se quedan atrás: «¡Viva Raúl, viva Chávez!».
   El enfrentamiento dura unos minutos. La Policía interviene y los de Negro son expulsados de la sala. El acto acaba abruptamente.
   Los de Gris, que son minoría entre el público, miran la escena con una mezcla de sorpresa e impotencia. Tienen el gesto de los que se han quedado en tierra de nadie.
   Yo —que no soy cubano, pero que en caso de serlo habría sido de un gris más bien clarito— me marcho junto a otros periodistas mientras nos preguntamos cuándo habrá espacio para esa otra Cuba: la de los matices y el diálogo, la del consenso y la reconciliación. Una Cuba en la que democracia no sólo sea el derecho a gritar, vociferar o insultar. Una Cuba donde el «convencer» no se reduzca al «vencer» al otro.
   Una Cuba, en últimas, que acoja toda la gama de grises.

26 de julio de 2012

La fiesta del fantasma



—¿Qué hace toda esa gente? ¿Por qué tanto alboroto?
   —Celebran el Día de la Rebeldía Nacional, otro de los eufemismos de la Revolución Cubana.
   —¿Todavía existe la Revolución?
   —No, no, qué va. Pero toda esa gente cree que sí y por eso saca las banderas cada 26 de julio. Algo que es, más o menos, como organizarle una fiesta a un fantasma.
   —¿Hace cuánto murió?
   —Rapidito, eso fue rapidito. Yo diría que en el '61, con las primeras ejecuciones y detenciones de intelectuales, artistas, periodistas, empresarios, homosexuales, comunidades católicas, opositores y todo aquel que pensara distinto. O quizá en el '68, cuando Fidel aplaudió la estampida de los tanques soviéticos en Praga. O a lo mejor en el '71, con el encarcelamiento de los poetas Heberto Padilla y Belkis Cuza Malé. En todo caso, hace mucho.
   —¿Nadie se acuerda de eso?
   —Sí, pero se hacen los de la vista gorda. Prefieren seguir invocando al fantasma.
   —Tenemos que hacer algo. Hay que prohibir esa marcha.
   —No, no, no... Por más equivocados que estén, tienen todo el derecho a manifestarse en favor o en contra de quien quieran. Ni usted ni yo somos nadie para hacer algo así. Las prohibiciones son cosa de los Castro. Tienen más de 50 años de experiencia en el tema.
   —¿Entonces qué hacemos?
   —Señalarles, por enésima vez, lo que todo el mundo sabe de sobra. Decirles que, por ejemplo, aplaudir un régimen como el de los Castro es apoyar el recorte sistemático de las libertades individuales. Que gritar esas consignas es potenciar el dogmatismo, el mesianismo y las sociedades acríticas y peligrosamente ensimismadas. Y que es, también, un irrespeto a la memoria de miles de víctimas que han quedado en el camino por atreverse a imaginar una Cuba distinta. La última, la del líder cristiano Oswaldo Payá.
   —¿Y lo entenderán?
   —Lo dudo mucho, pero en todo caso es preferible repetirlo. Qué mejor ocasión (esta nueva fiesta del fantasma) para volver a recordarlo.

4 de febrero de 2012

Esperando a Yoani




—Para que entienda el caso de Yoani Sánchez, le propongo un ejercicio: suponga que usted tiene 35 años y vive con sus padres. Y suponga que a su padre, que es un viejo autoritario y cascarrabias al que le gusta meterse en todo, un día llega al colmo de controlar sus horarios.
    —Qué agobio ese padre.
    —Pero suponga una cosa más: que el viejo autoritario y cascarrabias, además de controlar sus horarios, un día no le da la gana de dejarlo salir. Y lo encierra en la casa.
    —¡Ni más faltaba! Yo pelearía por mi espacio.
    —Pues ahí está el asunto: Yoani lleva casi siete años exigiendo su propio espacio y el de otros 11 millones de cubanos. Pero el viejo cascarrabias que gobierna la isla (o su hermano) se ha hecho el de la vista gorda. Tiene un blog que recibe millones de visitas de todo el mundo. Es más, ese blog ha ganado numerosos premios, como el Ortega y Gasset de Periodismo que el diario El País de España le otorgó en 2008.
    —Bueno, por lo menos a España sí que ha ido.
    —No. Esa vez, al igual que en otras 18 oportunidades, el viejo cascarrabias no la dejó salir. Tres años después, Yoani no ha podido recibir el premio. Aquí en Madrid la seguimos esperando...
    —¿Y qué ha pasado desde entonces?
    —La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, estuvo en Cuba la semana pasada. Yoani, que está invitada al lanzamiento de un documental en el estado de Bahía el próximo 10 de febrero, aprovechó para enviarle por escrito una solicitud de visa. Y Dilma respondió con un «sí». Pero el viejo cascarrabias, una vez más, acaba de decir que no podrá salir de la isla.
    —Pronto será una coleccionista de negativas.
    —Sí, pero eso es lo de menos. De alguna forma, Yoani lo esperaba. La cuestión es que Latinoamérica está harta de viejos cascarrabias. Está harta de que a sus ciudadanos les digan qué hacer y qué no. Afortunadamente, es el único que queda. Hay tres o cuatro payasos que sueñan con seguir sus pasos, pero ni pasando por encima de las leyes lo van a lograr. Que lo sepan.

14 de octubre de 2011

Porqué el Che Guevara es incompatible con el 15-M


   —No me gusta este título, compañero. Parece escrito por un pequeño burgués.
   —Es mío. Pero le advierto que yo no tengo nada de pequeño burgués: ni carro, ni casa, ni sueldo de funcionario. Sólo quiero dejar en claro por qué una cosa no tiene nada que ver con la otra.
   —El Che se sacrificó por la Revolución. Y el 15-M es heredero de ello.
   —Reconozco que tenía un punto altruista y que al principio su lucha buscaba la reivindicación de derechos como la libertad, la igualdad y la justicia social.
   —¿Y por qué dice «al principio»?
   —Porque apenas tomaron el poder en Cuba, él y todos los demás hicieron la «Revolución» a su antojo. Rapidito, en 1961, se las arreglaron para implantar un régimen policial que persiguió a opositores, intelectuales, artistas, comunidades católicas y hasta homosexuales. O sea, a todos los que pensaran distinto. No hubo medias tintas. Muchos fueron llevados al paredón y otros tantos acabaron en las cárceles. Tomar al Che como referente del 15-M, sería una clara demostración de que no hemos aprendido nada en estos años.
   —Qué superficial es usted. Le recuerdo, compañero, que pasado un tiempo el Che se distanció de Fidel y llevó, con admirable gesto, la Revolución a las selvas bolivianas.
   —Claro que se distanció, pero no por las razones que debió hacerlo. Fidel quería alinearse con el sistema comunista de la URSS y el Che, en cambio, prefería el radicalismo de los chinos. Se opuso a gran parte de los acuerdos. El Che era así: nunca estaba de acuerdo con nada, probablemente porque no creía en ningún cambio. Habría podido ganar diez, quince o hasta cien revoluciones, pero ninguna lo habría dejado satisfecho. Su identidad estaba en la guerra, no en el cambio. ¿Se da cuenta de por qué no tiene nada que ver con el 15-M?
   —Tiene que ver. El 15-M es nuestra batalla particular contra el sistema económico y político que nos ha impuesto el capitalismo.
   —Sí, pero desde el lema «Democracia Real Ya». Es decir, es un llamado a replantear el sistema actual para hacerlo más justo, más plural, en el que todos tengamos cabida y nos sintamos representados. El Che encarna todo lo contrario. La suya no fue una reivindicación para la democracia, sino para imponer sus propias ideas. Quien no pensara como él, estaba condenado a quedarse fuera. Afortunadamente su «Revolución» se quedó a medio camino.
   —No me convence. Su discurso imperialista no me hará cambiar de opinión.
   —Está en todo su derecho. Yo no soy Fidel Castro para obligarlo a pensar a mi manera. Lo que sí haré es buscar nuevos referentes cada vez que hable del 15-M. Seguro que hay otros, y más acordes con lo que se pide.
   —Por lo visto, usted no tiene casta revolucionaria. Tendré que dejar de llamarlo «compañero».
   —Se lo agradezco. Me haría un gran favor.