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20 de septiembre de 2016

Quinto cumpleaños: reelección indefinida



—¿Cinco años y usted todavía perturbando la paz de los lectores? ¿No le parece que ya va siendo hora de admitir su fracaso como bloguero y largarse de una buena vez?
   —Al contrario: vengo a anunciar mi reelección indefinida.
   —¿Reelección indefinida?
   —Mejor dicho: voy a seguir hasta que me dé la gana.

25 de junio de 2016

Votemos (II)



—¿Otra vez usted con ese rollo de ir a votar? ¿No se cansa? A mí déjeme tranquilo, que prefiero quedarme en casa viendo la Eurocopa. Hoy comienzan los octavos de final.
   —Lo uno no condiciona lo otro. Puede hacer las dos cosas.
   —Deme una buena razón.
   —Tenemos que hacer algo. Esto no puede seguir como hasta ahora.


19 de diciembre de 2015

Votemos



—¡Tiempo sin saber de usted! Le perdimos la pista desde que se volvió dizque «analista político» y sale en la tele destilando su odio en todas direcciones.
   —Vivimos días agitados. Por si aún no lo sabe, mañana son las elecciones generales.
   —Claro que lo sé, pero no pienso moverme del sofá. ¿Y usted?
   —No tengo sofá en casa. Iré a votar.


25 de abril de 2015

¿Con o sin corbata?



—¡Qué milagro de verlo! ¿Dónde estaba metido? Creíamos que le había picado el «bichito» de la política y andaba en plena campaña para la Comunidad de Madrid...
   —Mi única aspiración política es ser Presidente de Colombia.
   —Lo digo porque como ahora hay tanta gente nueva en las listas de los partidos: un poeta, un filósofo kantiano, una jurista, un diseñador de páginas web, profesores universitarios...
   —Eso de «gente nueva» no está del todo claro. Habrá que verlo.


2 de abril de 2015

Política gramatical: cuatro partidos





Tras las elecciones en Andalucía y los más recientes sondeos de intención de voto del CIS, cuatro fuerzas protagonizan el escenario electoral en 2015. Cuatro partidos. Cuatro formaciones que, al menos en teoría, reflejarían el «sentir político» de los electores.


13 de febrero de 2015

Premios Goya 2015



Luis Bárcenas, con tres estatuillas, y Pablo Iglesias, con dos, han sido los grandes protagonistas de la gala de los Premios Goya 2015. A continuación, El Ambidiextro presenta la lista con los ganadores en cada una de las categorías, entre los que también destacan Pedro Sánchez, Tania Sánchez, Iñaki Urdangarín y, por supuesto, el pequeño Nicolás.


17 de noviembre de 2014

¿Podemos o Podemos?



—Me extraña su silencio, compañero. Podemos ya es la primera fuerza política en intención de voto y usted no nos ha dedicado ni una sola línea.
   —La cosa tiene buena pinta. Lo que pasa es que a veces me entran dudas.
   —A ver, qué dudas. Debatamos.
   —En primer lugar, no sé de cuál «Podemos» estamos hablando.
   —Pues de Podemos, la alternativa ciudadana ante la «casta» política y el poder financiero que, desde el año '78, vienen pisoteando nuestra democracia.
   —Ya lo sé. Lo que no me queda claro es si hablamos de «Podemos» o del otro «Podemos».
   —Podemos sólo hay uno, compañero.
   —Según la RAE, son dos. El primer «Podemos» es la primera persona del plural del presente del verbo «podar». O sea, el que usted usa cuando dice: «Podemos las malas hierbas».
   —Bueno, si de eso se trata, ese «Podemos» también tiene que ver con Podemos.
   —Claro, y hasta cierto punto lo entiendo.
   —¿«Hasta cierto punto»?
   —En su significado más directo, el verbo «podar» significa limpiar, asear, expurgar, adecentar o mejorar algo. Pero, visto desde el extremo, también puede ser sinónimo de talar, cercenar, desmochar o mutilar. Y eso es lo que, en el caso de Podemos, no acaba de cerrarme. Sobre todo si se habla de los medios de comunicación o del tratamiento al sector privado.
   —Podemos no propone una ruptura, sino un replanteamiento.
   —A veces no lo parece. A veces da la impresión de que es mero griterío y resentimiento.
   —No, compañero. El griterío es exclusivo de PP y PSOE.
   —Si lo que me dice es cierto, entonces nos acercamos al segundo «Podemos».
   —¿Qué significa ese «Podemos»?
   —El segundo «Podemos» me gusta más. Es la primera persona del plural del presente del verbo «poder». Por ejemplo, el que usamos cuando decimos: «Podemos hacer las cosas de otra forma». Me gusta la voluntad de ese «Podemos», en plural, pues lleva implícito el «poder» de la unión ciudadana que propone otra forma de «poder», o sea, de Estado: uno más cercano, más eficaz y transparente y con una verdadera vocación de servicio. Y como ese «poder» cada día es más «poder», no sería mala idea verlo en el Parlamento como una parte más del «poder» político. Un «poder» dentro del «poder». Es decir, un «poder» más real.

25 de septiembre de 2014

Mi vida por España



—Según una reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), sólo un 16% de los ciudadanos estaría dispuesto a dar su vida por España... ¿Usted daría la suya?
   —Yo a España la quiero muchísimo. Pero eso de «dar la vida» me parece un poco exagerado.
   —Y por Colombia, ¿daría su vida?
   —¡Ni loco que estuviera! ¡No se puede defender lo indefendible!
   —En cualquier caso, es un dato significativo. ¿Qué cree que pasa con ese otro 84% de la gente? ¿Ya no se sienten españoles? ¿Les da igual la bandera y el patriotismo?
   —Ser español no debe de ser fácil. Esto que ahora llamamos «España» está hecho a retazos.
   —Ya, pero tampoco es un acto de fe.
   —Desde luego. Pero es que, además, tenga en cuenta una cosa: de un par de años para acá, en la sociedad española ha despertado un fuerte sentimiento de desafección hacia las principales instituciones del Estado y del sistema en general. Lo que antes parecía sagrado, ahora está en el centro de los debates. Y eso ha provocado que, entre otras cosas, conceptos como «patriotismo», «nacionalismo», «España», «país» y hasta «democracia» se caigan del pedestal en el que estaban. La gente ya no come tanto cuento. Muchos ciudadanos, desengañados o simplemente desinteresados, han decidido retirarse a otras esferas.
   —¿Otras esferas? ¿Cuáles?
   —Por ejemplo, la familia: un 47% de los encuestados sí daría la vida por su familia. O también agrupaciones, asociaciones, movimientos sociales, pequeños espacios a los que han trasladado el interés que antes pugnaba por ser masivo. O que, por lo menos, pretendía serlo.
   —¿Y eso es bueno o malo?
   —No lo sé... Por un lado, quiere decir que nos hemos quedado sin el concepto de «comunidad», es decir, sin eso que nos vincula unos a otros. Antes todo parecía sólido, contundente, pétreo. Ahora vivimos en los tiempos del individualismo, del desapego, donde cada uno es como una isla perdida que nada tiene que ver con la siguiente. Como dijo el coreano Byung-Chul Han, se trata de la «sociedad del cansancio», aquella que «no necesita de parentesco ni de pertenencia» y que sólo está unida por «un cordial levantamiento de hombros».
   —O sea, que vamos de culo pa'l estanco...
   —O no. Porque, a la vez, ese traslado hacia lo micro está generando nuevas formas de acción. Mire, por ejemplo, a la gente de la PAH. O, incluso, a los de Podemos. Parece que la apuesta empieza a ser otra: no la de «dar la vida por España», sino más bien tratar de ver los asuntos del día a día y empezar a corregirlos. Sin el vapor envolvente de los viejos conceptos, el ciudadano parece haber entendido que existen otros caminos. Ésta es la gran oportunidad que nos ofrecen los tiempos que corren. Aunque, al mismo tiempo, el principal reto.